Islandia ocupa un lugar privilegiado en el mundo —el primero según el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas— y casi sorprendentemente es, a la vez, una tierra en gran parte inhóspita, desnuda, cruda, que hace pocas concesiones: incluso sin la nieve de su invierno casi eterno, Islandia sigue siendo tierra de hielo y viento. La vida se concentra en el anillo costero, donde se dispersan poco más de trescientos mil hombres y unos ochenta mil caballos, que apenas miran su interior desértico, la antigua tierra de los sin ley, los outlaws . Islandia nos muestra un camino de regreso, sin mirar atrás.
|